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18 07 23 agricultura ancestral BR

Científicos descubren indicios de que Amazonia tenía agricultura hace 4.500 años

Según el estudio de investigadores de la Universidad de Exeter, la Amazonia no era tan intocable por las manos humanas como pensábamos: hace 4,5 mil años seres humanos ya estaban en la región y dejaron huellas de su presencia.

Agricultura de varios vegetales diferentes. Fuego. Deforestación controlada. Uso de fertilizantes. En una investigación conducida por la Universidad de Exeter, del Reino Unido, arqueólogos, ecologistas, botánicos y paleoecólogos descubrieron que la Selva Amazónica, a diferencia de lo que se suponía, no era un santuario verde intacto por las manos humanas hace 4.500 años.

Desde esa época, al menos, hubo interferencia del hombre en la naturaleza de la región. Y, según el estudio muestra, los efectos de esta interacción están presentes todavía hoy.

“Los agricultores ancestrales de la Amazonía supieron cómo enriquecer el suelo con nutrientes, creando la llamada Amazon Dark Earth (ADE)”, comenta la paleoecologista y arqueóloga Yoshi Maezumi, de la Universidad de Exeter. “En lugar de expandir la tierra deforestada, para aumentar la agricultura, ellos mejoraron el suelo, en una forma más sostenible de producción.

Sí, había sostenibilidad en la mentalidad de los primeros agricultores de la Amazonia.

Esta ADE es conocida popularmente como tierra negra o tierra negra de indio. Se trata de un tipo de suelo muy oscuro, como el nombre indica, y extremadamente fértil. Se encuentra principalmente en la Amazonia.

A lo largo de las últimas décadas, una serie de estudios buscó explicar el origen de esa tierra. Hipótesis fueron aventadas: sería un suelo resultante de cenizas volcánicas oriundas de los Andes y depositadas en la Amazonia. O resultado de sedimentación en lagos formados en antiguos períodos geológicos.

Más recientemente, muchos científicos venían sugiriendo un origen antrópico – o sea, resultante de la acción humana. Los análisis profundos de este suelo permiten identificar una combinación de materia orgánica vegetal y animal, vegetales carbonizados y restos de cerámica.

La investigación, publicada el lunes en el periódico científico Nature Plants, concluyó que esa acción humana ancestral, por lo tanto, tuvo un impacto duradero-ya que el suelo está presente hasta hoy en la región.

“El trabajo de los primeros agricultores amazónicos dejó un legado duradero”, comenta el arqueólogo y botánico José Iriarte, también de la Universidad de Exeter. “La forma en que las comunidades indígenas manejaron la tierra hace miles de años todavía moldea ecosistemas forestales modernos.”

Variedad de los cultivos en la Amazonia
La agricultura era de múltiples vegetales. Con base en los indicios encontrados en carbón, polen y plantas en sitios arqueológicos y sedimentos de un lago, el equipo de científicos concluyó que los seres humanos que ocupaban la región plantaban maíz, patata dulce, calabaza y mandioca, por lo menos.

Para mejorar la productividad del suelo, esos agricultores ancestrales tenían sus técnicas de fertilización: realizaban quemas organizadas y añadían a la tierra estiércol animal y restos de comida. Es el probable origen de la tierra negra, por lo tanto.

De acuerdo con los investigadores de Exeter, fue ese desarrollo del suelo que propició que, en la época, la agricultura amazónica no se circunscribiera a las várzeas de los ríos, naturalmente más fértiles, y pudiera adentrarse hacia regiones donde el suelo, originalmente, era más pobre.

“Estas comunidades probablemente quitaron algunos árboles y malas hierbas para tener espacio para sus cultivos, pero mantuvieron un bosque primario cerrado, que se transformó al ser enriquecido con plantas comestibles”, explica Maezumi. “Es decir: era una manera muy diferente de la actual explotación de la Amazonia.” La investigadora se refiere a las deforestaciones contemporáneas, en que grandes extensiones de tierra amazónica dan lugar a plantaciones de granos y crianza de ganado.

“Los conservacionistas modernos pueden sacar lecciones de cómo los indígenas usaban la tierra amazónica, y ese manejo puede ayudar a proteger los bosques modernos”, dice. “Es importante recordar cómo la deforestación moderna y las plantaciones agrícolas se expanden por la Cuenca Amazónica”, complementa Iriarte.

Estudio anterior
Es la primera vez que los investigadores publican un estudio sobre el uso a largo plazo de la tierra – y el manejo del fuego – en la región amazónica.

Pero no es de ahora que los científicos de Exeter están de ojo en las posibilidades científicas ofrecidas por la Amazonía. En marzo de este año, investigadores de la misma universidad-buena parte de ellos, integrantes también del estudio publicado este lunes- identificaron que entre los años 1200 y 1450, al menos 81 aldeas reunían una población de entre 500 mil y 1 millón de personas en la misma, región del bosque más grande del mundo.

En la ocasión se destacó como un aspecto interesante el hecho de que las tribus quedar distantes de los principales ríos -la explicación puede estar justamente en el hecho del ahora descubierto dominio de técnicas de fertilización del suelo, o sea, los habitantes ancestrales de la región no dependían tanto de las regiones llanuras de inundación. Justamente en los puntos donde estaban las aldeas, los investigadores encontraron la tierra negra.

En esa investigación, los científicos se basaron en imágenes aéreas de regiones hoy deforestadas de los bosques. E identificaron una serie de geoglifos, o sea, zanjas cavadas en el suelo en formatos geométricos.

La principal teoría es que estas zaras servían para demarcar las villas fortificadas.

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