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16 12 06 Intervención de Germán López en Florianópolis

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Intervención de Germán López, Director Administrativo de la UPM, en el Seminario Internacional

Mercosur: El futuro de la integración

La sorpresiva victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, ha inaugurado una nueva fase en la marcha de la globalización. Si nos atenemos a su discurso –aunque lo que se dice en campaña no siempre coincide con lo que se hace en la gestión-, la característica fundamental de lo que viene será la tendencia al encierro, por lo menos de los EEUU. Cabe preguntarse, entonces, habida cuenta de la importancia internacional del país de norte (que no pocas veces viraliza sus posturas), si el alcance de la influencia de una personalidad como la del presidente electo se limitará solo a su país, o si se expandirá más allá de sus fronteras. En cualquier caso, más relevante para nosotros -perseverantes socios del Mercosur a pesar de todos los avatares- será saber si esos eventuales cambios afectarán y cómo en nuestras realidades.

Siempre hay que tener en cuenta un dato para evaluar los movimientos de la economía y el comercio mundial: el 70 de la actividad productiva está transnacionalizada; esa porción mayor de la torta mundial, se maneja con total independencia de las normas nacionales, sean estas de cualquier país, incluso de los EEUU. Sin embargo, en todos los casos, las partes de las economías que aun mantienen su anclaje nacional, seguirán teniendo una importancia en las políticas territoriales y, sobre todo, un gran peso en la evolución de los mercados laborales. Es tal vez como se dice, una de las razones del triunfo de Trump, al haber puesto el acento en aquella parte de los trabajadores norteamericanos que habían sido afectados con los acuerdos con China puestos en marcha partir de los años setenta. El presidente electo ha manifestado que EEUU saldrá del Acuerdo Transpacífico (TPP). Igual posición manifestó con respecto a la puesta en vigor de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), que uniría a Estados Unidos con la Unión Europea. Por el contrario, se muestra favorable a propiciar acuerdos bilaterales. Aquí caben algunos interrogantes. ¿Esas barreras que le propone a EEUU levantar hacia el este y el oeste, sobre en todo en lo referido a las políticas comerciales, serán planteadas de la misma forma si se mira hacia el sur, en el hemisferio americano? Las opiniones divergen. Hay quienes como el académico de Harvard Roberto Mangabeira Unger de nacionalidad brasilera creen que el triunfo de Trump puede crear una nueva relación con Sudamérica. No cabe duda que la masa crítica en materia comercial es una ventaja comparativa en el mundo. En nuestro caso, el potencial de los países del cono sur como proveedores de proteínas vegetales y animales, es más que la suma de los potenciales de las partes. En los últimos años, hemos conquistado una posición en el mercado global cuya envergadura hace muy difícil que sea subestimada. Es un hecho muy auspicioso. En la medida que otros rubros de la producción de bienes y servicios vayan alcanzando posiciones equivalentes -y provoquen sinergia en los espacios comunes que nos contienen-, la proyección de este proceso de integración que nos une, se irá incrementando.

El camino que estamos recorriendo desde 1991 cuando se firmó el Tratado de Asunción no está ni estará exento de dificultades. En esto no nos diferenciamos de cualquiera de los otros agrupamientos que hay en el mundo. Tampoco es esperable que esas u otras dificultades nuevas desaparezcan del día a día de nuestro devenir común. No sería realista pensarlo. Pero mucho menos lo sería pensar que los escollos que vayan surgiendo lleven a situaciones irreparables. La experiencia adquirida, luego de 25 años de caminar juntos, nos habilita para afirmarlo.

El Mercosur como otras agrupamientos macro regionales que se van perfilando en el mundo, son parte de una realidad compleja. Compleja en el sentido de lo difícil que es la gestión de una diversidad tan pronunciada pero, sobre todo, desde el punto de vista de la enorme cantidad de variables que están interactuando en tiempo real. Una breve descripción de la evolución de las configuraciones regionales en el presente, nos muestra el tablero donde tiene lugar el juego de las grandes ligas. Aun en el caso de la retirada de EEUU, el TPP no desaparece. Japón y Australia expresaron su compromiso con el pacto horas después de que Trump anunciara el retiro. Por su parte, un funcionario japonés afirmó con realismo que “el TPP no morirá aunque Estados Unidos no lo ratifique…simplemente sigue en una situación de no estar en efecto”. Por su parte, China juega su ambicioso proyecto de la Ruta de la Seda, una actualización del trazado seguido por Marco Polo, pero ahora tapizada con el aporte de una parte de los U$S 4 billones (doce ceros) de las reservas chinas traducidas en rutas, trenes de alta velocidad, y todo tipo de obras de infraestructura para el desarrollo de los países atravesados. Se dice que “la nueva Ruta de la Seda habrá de convertirse en el programa de economía diplomática más grande desde el Plan Marshall de Estados Unidos para la reconstrucción de la Europa de posguerra, con un alcance de decenas de países con una población total de 3000 millones de habitantes”. Hay que decir que, además, China tiene en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) una sólida alianza con Rusia, y por la mediación de este país, ha logrado el ingreso de la India a la OCS, indicativo de una superación de los conflictos ancestrales que han separado a los dos gigantes de la demografía. El continente euroasiático ya está ejecutando un plan de construcción de infraestructura no fácil de concebir. Solo el TGV que unirá Moscú con Pekín tiene 7.000 Km y costará 242.000 millones de dólares.
Hay otros procesos a tener en cuenta desde nuestro lugar. El África subsahariana, con el comando de Sudáfrica, es un mercado cercano que crece rápidamente, en algunos países a “tasas chinas”. Es toda una oportunidad para los países del Mercosur, no solo para exportar alimentos sino, principalmente, servicios, agrícologanaderos, y acciones de cooperación que ayuden al desarrollo de esta zona postergada del planeta.

De Europa, no hay mucho más que decir que lo que reflejan los medios para describir sus padeceres actuales. El Brexit –o mejor la concreción de sus resultados- irá actuando de acicate para la reducción de una burocracia enquistada en la UE que le quita dinamismo a su gestión. En paralelo con lo ocurrido en EEUU, surgen posiciones proteccionistas, de tinte populista, que llenan de alarma a los analistas políticos; pasa igual con el auge de los regionalismos y las tendencias separatistas. A este cuadro, se le ha sumado en el último tiempo el problema de migraciones impetuosas. Sin embargo, para el Mercosur el camino está claro. Tendremos que seguir impulsando un acuerdo con la UE que sea de mutua conveniencia en las condiciones actuales de la globalización.
Medio Oriente hay que esperar que se aquieten las aguas, en primer lugar con la derrota del Estado Islámico. En esa zona se superponen más de un conflicto que muestra un cuadro de intereses cruzados, donde ya no es más cierto que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. A pesar de las dificultades actuales, es una zona de gran interés para nuestras exportaciones, incluso, políticas de cooperación.



En América Latina conviven el Mercosur con la Alianza del Pacífico (AP) que está integrada por Chile, Perú, Colombia, México. Esos dos bloques suscitan en este momento el mayor interés del subcontinente. La razón principal son los acuerdos que esas macrorregiones -o sus integrantes en forma individual- han concretado o están en vías de hacerlo referidos a cuestiones comerciales (los países de la AP integran conglomerados del Asia Pacífico, APEC y TPP ya mencionados). Desde el punto de vista regional, se pone atención a la eventualidad de si esos dos agrupamientos principales de América Latina pueden desenvolverse cada uno por su lado, con los países buscando vincularse en distintas direcciones, o si terminarán primando las pulsiones integradoras o de variados entendimientos de mutua conveniencia.
En una reunión celebrada el año pasado entre los mandatarios de Brasil y México, Dilma Rousseff declaró solemnemente que “no seremos causales de falsas rivalidades o prisioneros de la geografía…México y Brasil saben que la relación entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur debe ser vista como complementaria y no como alternativa” . La precisión no es de menor importancia siendo que se refiere a las relaciones existentes entre las dos economías más grandes de América Latina.
Otro aspecto a tener en cuenta es de las obras de infraestructura que pueden incidir en la conectividad regional. Debemos mencionar la importancia de la Hidrovía Paraguay-Paraná, así como todas aquellas obras que faciliten una conexión fluida entre el Atlántico y el Pacífico.
La infraestructura, a ciertos niveles, va dejando de ser un cometido de alcance nacional para ser abordada en forma coordinada por el conjunto de las naciones. Ello básicamente, tiene explicación en aquellas construcciones que contribuyen a la conectividad global. Para ello, el G20 ha creado cuatro programas:
• Alianza para la Conectividad de la Infraestructura Global (GII)
• “Hub” de la Infraestructura Mundial (GIH)
• Partenariado Publico Privado (PPP)
• Plan de Acción Anticorrupción 2015-16 del G20
Cada uno de esos programas está ubicado en distintos países. El artículo 39 de la declaración de la reciente Cumbre del G20 de Hangzhou dice “Respaldamos la Alianza para la Conectividad de la Infraestructura Global lanzada este año para mejorar la sinergia y la cooperación entre los diversos programas de conectividad de la infraestructura de una manera holística”. Por su parte, El “Hub” de la Infraestructura Mundial se constituyó en la cumbre de 2014 y su sede está en Australia (http://globalinfrastructurehub.org/). Tiene el mandato de controlar la calidad y favorecer el flujo de iniciativas relacionadas a proyectos de infraestructura de alcance global. Por su parte, el PPP (https://en.wikipedia.org/wiki/Public%E2%80%93private_partnership) está vigente en una cantidad creciente de países de todo el mundo. Con respecto al tema de la corrupción, en el punto 22 de la declaración de Hangzhou reconoce “los efectos nocivos de la corrupción y las corrientes financieras ilícitas en la distribución equitativa de los recursos públicos, crecimiento económico sostenible y la integridad del sistema financiero mundial y el imperio de la ley”; al mismo tiempo dice que “reforzaremos los esfuerzos del G20 por fortalecer la cooperación internacional contra la corrupción, respetando plenamente el derecho internacional, los derechos humanos y el imperio de la ley, así como la soberanía de cada país…respaldamos los principios de alto nivel del G20 sobre cooperación sobre personas buscadas por la corrupción y la recuperación de activos… en los Estados Miembros del G20, que será operado en consonancia con las normas internacionales”.
La realización de la Cumbre 2018 del G20 en la Argentina, abre una posibilidad con proyección futura favorable al diálogo de la región con los factores de poder decisivos en la etapa que se abre de la globalización.

* Dilma Rousseff: “La Alianza del Pacífico y el Mercosur deben ser complementarios”

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